Su nombre escrito en pulcras letras doradas era un buen presagio. El transporte al hotel ya superó sus expectativas: toallitas frescas, cocktail de champán, aire acondicionado al dente y lo mejor. ¡ocho plazas para ellos solos! Esperando poder cumplimentar su check-in en un promedio de 30 minutos, teniendo en cuenta que no hubiera llegado el grupo que compartía su vuelo, su sorpresa fue mayúscula cuando el proceso les tomó apenas 15 minutos en una sala especialmente acondicionada para realizar estos trámites de forma personalizada. Y no estamos hablando de una sala de bienvenida de tiempo compartido, sino de un nuevo concepto de hotelería: el Todo Incluido de Lujo.
Por años habían experimentado un todo incluido de restaurantes buffet con capacidad para 450 personas, bebidas cuyo sabor poco tenía que ver con lo que rezaba la etiqueta que adornaba su botella, entretenimiento nocturno de bajo presupuesto y amenizado por un personal agotado por interminables horas de actividades de playa y de alberca y, sobre todo, habían experimentado por años la desgana de un personal que cargaba a sus espaldas el peso de atender un promedio de 16 mil clientes mensuales, 650 comensales y huéspedes diarios. Años atrás un servicio de habitaciones y una conexión a Internet incluidos ya en su precio de paquete habrían sido impensables.
Finalmente, el todo incluido, el cual nació en México precisamente en Cancún en 1976, siendo Club Med la empresa pionera, está dejando atrás su imagen de opción familiar y de bajo presupuesto. Se abre paso una nueva tendencia, con 100 hoteles ya de este tipo entre Cancún, Riviera Maya y Cozumel, que permite el acceso a nuevos segmentos como el de grupos e incentivos de alto presupuesto y nuevos mercados como el de Golf y Spa. No obstante se plantea la duda de si esta rama de lujo del todo incluido no está creciendo demasiado rápido. Llegará el momento en el que estos hoteles no puedan ofrecer más jacuzzis y mármol, ni un trato más personalizado que el de un mayordomo y entonces la sobreoferta llevará al círculo vicioso ya vivido: excedencia de camas, reducción de tarifas. Y la pelota estará nuevamente en la cancha de los mayoristas, dándoles el poder de dirigir el mercado. ¿Qué futuro le estará deparando además esta moda a los hoteles que continúan ofreciendo un plan europeo o un all inclusive más económico y sencillo?
Hacer un pronóstico en este sentido es muy difícil, lo que sí es seguro es que Quintana Roo seguirá sacando provecho a esta nueva era de la hotelería que está echando raíces con fuerza en la Riviera Maya y está consiguiendo atraer cada vez más atención a nivel mundial. 
|